Una mirada alegórica al objeto suntuario por Martín Camargo

Una mirada alegórica al objeto suntuario por Martín Camargo

UNA MIRADA ALEGORICA  AL OBJETO SUNTUARIO DE JULIANA SILVA

Por Martín Camargo.

Para los fines restringidos de este comentario, puedo decir que en su obra de 1928, El origen del drama barroco alemán, Walter Benjamin quiso rehabilitar para el siglo XX el pensamiento alegórico, propio de aquellas épocas marcadas por el desencanto del mundo material y la búsqueda de una salida idealista por medio del yo, como modo privilegiado de enfrentarse al triunfo ascendente de la ideología capitalista y sus altos costos como sistema económico. Para el autor, el pensamiento alegórico no sólo lograría desentrañar en el pasado un conjunto de imágenes marcadas por la decadencia de la naturaleza, la fantasmagoría material y la ruina histórica, sino que en este proceso podría actualizar la visión trágica de la existencia en la que el espectáculo del mundo se revela como un agregado de fútiles apariencias: vanidad de vanidades, todo es vanidad (vanitas vanitatum et omnia vanitas). Que, para el caso de las artes plásticas y visuales, podría convertirse en un enfoque fructífero en la medida en que haría posible desconfiar de las formas heredadas como envoltorios materiales que han perdido su alma.

Ahora bien, son estas consideraciones las que me permiten interpretar las piezas que conforman el proyecto Objeto suntuario de Juliana Silva desde la mortecina luz que arroja la alegoría. En parte porque sus volutas disuelven el impulso erótico de alcanzar configuraciones bellas, o por lo menos de buen gusto, tal como han sido caracterizadas por el clasicismo mediante la completitud del movimiento circular, y en parte porque el oropel de algunas de sus imágenes, superficies y objetos remite, aunque de forma degradada, al esplendor del pan de oro y su capacidad de capturar la poca luz divina que queda en el mundo. Aspectos que, en su interacción dialéctica, producen un impulso que podría denominarse neobarroco, caracterizado no tanto por la tipificación de determinadas figuras y formas en un sistema susceptible de ser utilizado como una matriz de estilo, en el sentido dado al término por Omar Calabrese, sino por el deseo de modelar fragmentos expresivos que le permitan a la subjetividad pensar la mortificación del mundo material como esplendor transitorio. Por este motivo, el terciopelo, la cretona, las perlas falsas, las cadenas de fantasía y las piedras semipreciosas funcionan en sus trabajos como modo de aparentar la lozanía en la piel de sus objetos, gracias a la capacidad que tienen los simulacros de aceptar y celebrar la degradación del mundo material sin lamentar su pérdida acelerada a causa del paso implacable del tiempo.

*Martín Camargo, Filósofo y Magíster en Semiótica de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Colombia. En el año 2009 participó en los encuentros temáticos del proyecto curatorial De aquí y del otro lado, 13 salón regional de artistas Zona Oriente (2009), y fue uno de los integrantes del  proyecto curatorial ZAP!, en el marco del 14 Salón Regional de Artistas – Zona Oriente (2012).
 
Bucaramanga, mayo de 2014.